miércoles, 20 de enero de 2010

Entregan al SNTE más que a planes educativos

 

Por: Leticia Robles De La R

Enero / 2010-01-20

 

En 2009, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) retuvo más de tres mil 700 millones de pesos en cuotas sindicales y apoyos para los agremiados del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

 

Esta cifra es superior a lo que en 2010 la SEP gastará en tres programas educativos: Habilidades Digitales para Todos, Escuelas de Tiempo Completo y Programa de Acciones Compensatorias para Abatir el Rezago Educativo en Educación Inicial y Básica, los cuales suman tres mil 66 millones de pesos.

 

Tan sólo en cuotas sindicales, el gobierno federal retuvo a los docentes y entregó al gremio encabezado por Elba Esther Gordillo más de mil 372 millones de pesos, equivalente a la mitad de lo que la SEP ejerció el año pasado para la rehabilitación de escuelas en "pésimas condiciones".

 

Por cada mes, el SNTE recibió alrededor de 114 millones 500 mil pesos a través de las cuotas sindicales de los más de un millón 144 mil docentes.

 

De acuerdo con el artículo 18 de los Estatutos que rigen al gremio magisterial, cada profesor debe aportar el 1% de su salario mensual al sindicato, cifra que representó en promedio 100 pesos por maestro al mes y que en total acumuló 114 millones 409 mil 300 pesos mensuales.

 

Dicho artículo establece que "los miembros del sindicato cubrirán por concepto de cuota sindical ordinaria, el 1% del total de su sueldo" y en su fracción I añade que "estas cuotas serán descontadas quincenalmente por la autoridad competente, de los salarios de los trabajadores y se entregarán directamente al Comité Ejecutivo Nacional".

 

Asimismo, el SNTE establece que dicho comité celebrará con las autoridades correspondientes los convenios necesarios relativos a los descuentos de estas cuotas, a fin de contar "oportunamente" con la cantidad íntegra de éstas.

 

Sin embargo, el destino de este dinero se desconoce, ya que el SNTE no está obligado a transparentarlos, porque no son reconocidos como recursos públicos.

 

Pese a que éstos forman parte del presupuesto de la federación para el pago de salarios de los docentes, una vez que la cuota sindical es transferida al gremio magisterial deja de tener el carácter de recurso público y sólo la dirigencia de este sindicato conoce en qué se gasta este dinero.

 

De este modo, no existe forma de saber el uso que le dio el gremio más grande de América Latina a los más de 114 millones de pesos que recibió mes a mes durante 2009 mediante las aportaciones de sus agremiados.

 

El artículo 24 de los estatutos del sindicato magisterial señala que las cuotas sindicales son para el sostenimiento de la agrupación y la actividad sindical de sus órganos de gobierno, pero se ignora cuál fue el uso detallado que le dieron y sólo se sabe que cada sección sindical recibe una parte proporcional de estas cuotas.

 

Aunado a estos recursos que provienen del presupuesto federal, el año pasado la secretaría a cargo de Alonso Lujambio gastó 650 millones adicionales a los más de 33 mil 500 millones de pesos destinados al Programa de Carrera Magisterial, que otorga estímulos a los maestros que cursan talleres de actualización docente.

 

Asimismo, en el presupuesto 2009, la SEP destinó 200 millones de pesos para el Fideicomiso de Vivienda Magisterial, del cual la dependencia no rindió cuentas.

El SNTE ha insistido en que el dinero de este fideicomiso lo maneja la SEP y que ellos no "ven ni un centavo". La dependencia federal tampoco ha dicho cómo distribuye este presupuesto para créditos de vivienda.

 

Otro de los gastos que la SEP ejerció en beneficio del SNTE fueron los 588 millones de pesos para la formación y superación profesional de maestros de educación básica, cursos en el extranjero incluidos.

 

La partida que gastaron para la preparación de los profesores es mayor a lo que la SEP destinará este año en el Programa de Escuelas de Tiempo Completo, pues los recursos autorizados por el Congreso de la Unión para este programa educativo ascienden a 507 millones 300 mil pesos, 81 millones de pesos menos que lo gastado en la formación de docentes en 2009.

 

De hecho, para el ejercicio fiscal 2010 la SEP recibió un aumento de 88 millones de pesos para el gasto enfocado a la formación de maestros, rubro al que le asignaron 676 millones de pesos.

 

Como parte del gasto en el SNTE, la SEP desembolsó 100 millones de pesos para el Programa de Tecnologías Educativas, destinado a la compra de computadoras personales para los profesores, aunque tampoco se sabe cómo aplicaron estos recursos.

 

Además, en 2009 la dependencia utilizó 800 millones de pesos para la creación de plazas docentes y de apoyo a la educación, recursos que cuadruplicaron el gasto de 2008, año en el que sólo otorgaron 195 millones de pesos para el mismo rubro.

 


«La vanidad es la gloria de los pobres de espíritu»

El Papa pide más facilidades para las familias jóvenes y numerosas

 

Por: Querien Vangal

Enero / 2010

 

Al recibir a las autoridades locales y regionales de Roma

 

El Papa Benedicto XVI pidió hoy a las autoridades civiles más apoyo concreto para las familias jóvenes y las numerosas, al recibir a los miembros de las Administraciones de la Región Lacio, de la Provincia y del Ayuntamiento de Roma.

 

Como es tradición, ya que el Papa es también obispo de Roma y cabeza de la provincia eclesiástica de Roma (territorio que coincide con la región del Lacio), Benedicto XVI recibió en audiencia a las autoridades civiles, para felicitarles el Año Nuevo.

 

En este encuentro anual, el Papa suele aprovechar para tratar sobre los problemas sociales de Roma. En esta ocasión centró su atención en la familia y en la educación de los jóvenes, así como en los enfermos y en la necesidad de un planteamiento urbanístico "pensado para la persona".

 

Particularmente alabó la iniciativa puesta en marcha por algunas parroquias de barrios nuevos para ayudar a las familias jóvenes con niños pequeños, que a menudo tienen dificultades para conciliar el trabajo y la vida familiar.

 

Estas comunidades eclesiales, "conscientes de que la apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo humano, han realizado los 'oratorios de los pequeños'. Estas útiles estructuras permiten a los niños transcurrir las horas de la jornada, mientras sus padres trabajan", explicó.

 

El Papa auguró que esta experiencia u otras similares se extiendan a toda la ciudad, para "ayudar a los jóvenes padres en su tarea educativa".

 

"Auguro también que puedan adoptarse otros procedimientos ulteriores a favor de las familias, en particular de las numerosas, para que toda la ciudad goce de la función insustituible de esta institución, primaria e indispensable célula de la sociedad" añadió el Papa.

 

También trató sobre los problemas de los jóvenes, especialmente en lo tocante a la educación, e insistió en la necesidad de ofrecer una visión correcta de la educación sexual.

"Está ante los ojos de todos la necesidad y la urgencia de ayudar a los jóvenes a proyectar su vida sobre valores auténticos, que hagan referencia a una visión 'alta' del hombre y que encuentran en el patrimonio religioso y cultural cristiano una de sus expresiones más sublimes", explicó.

 

Hoy los jóvenes "piden saber quién es el hombre y cuál es su destino, y buscan respuestas capaces de indicarles el camino a recorrer para fundar su existencia en valores perennes".

En lo tocante a educación sexual, insistió en que "es necesario evitar proponer a los adolescentes y a los jóvenes caminos que favorezcan la banalización de estas dimensiones fundamentales de la existencia humana".

 

El Papa invitó a todos "a comprender que, al pronunciar su no, la Iglesia en realidad dice a la vida, al amor vivido en la verdad del don de sí al otro, al amor que se abre a la vida y que no se cierra en una visión narcisista de la pareja".

 

"Sobre estos temas, como también sobre los de la familia fundada sobre el matrimonio y sobre el respeto a la vida desde su concepción hasta su término natural, la comunidad eclesial no puede no ser fiel a la verdad", añadió.

 

Barrios nuevos

 

El Papa quiso llamar la atención también sobre la necesidad de una planificación urbana que se base en "la centralidad de la persona humana y de la familia".

 

Especialmente se refirió a los nuevos asentamientos de la ciudad, "para que los complejos habitacionales que están surgiendo no sean sólo barrios dormitorio", sino que "se prevean esas estructuras que favorecen los procesos de socialización, evitando así que surja y se incremente la cerrazón en el individualismo y la atención exclusiva a los propios intereses, lo que es dañoso para toda convivencia humana".

 

Por último, habló sobre la asistencia sanitaria, y en particular sobre las estructuras sanitarias católicas, pidiendo para ellas el apoyo de las administraciones.

 

En estas estructuras "se intenta conjugar la competencia profesional y la atención al enfermo con la verdad y la caridad de Cristo", acercándose "a las personas que sufren con amor y esperanza, apoyando también la búsqueda de sentido e intentando proporcionar respuestas a los interrogantes que inevitablemente surgen en los corazones de cuantos viven la difícil dimensión de la enfermedad y del dolor".

 

 


«La vanidad es la gloria de los pobres de espíritu»

¿Cuál fue el desenlace de las revoluciones?

 

Por: Virginia Bautista y Alida Piñón

Enero / 2010

 

Es un consenso prácticamente unánime ubicar los inicios de los movimientos de Independencia y Revolución el 16 de septiembre de 1810 y el 20 de noviembre de 1910, respectivamente, pero definir su término es un capítulo difícil de precisar. Los historiadores más reconocidos del país no logran ponerse de acuerdo en este punto.

 

Enrique Krauze, Doctor en Historia y director de editorial Clío y Letras Libres:

 

La Independencia de México, como un complejo movimiento social, libertario y aún religioso, dio inicio el 16 de septiembre de 1810, y como tal se consolidó en el ideario y la lucha militar e institucional de Morelos. Pero en términos políticos, que son los decisivos, en el término 'Independencia', el movimiento se consumó el 27 de septiembre de 1821".

 

La Revolución Mexicana, como un proyecto democrático, se inició el 20 de noviembre de 1910. En los años subsiguientes ocurrió una compleja transformación histórica, con enorme violencia y con intensos componentes de reivindicación social y nacional. La violencia pareció cesar en tiempos de Obregón, cuando nació (con Vasconcelos) la mística del nacionalismo cultural y educativo, que más tarde se transfiguró en el nacionalismo revolucionario. Igual que la Revolución Francesa, la nuestra tuvo su Vendee en La Cristiada. Luego ahondó aún más su proceso en tiempos de Cárdenas, cuyo régimen, en esencia, puso en práctica la Constitución de 1917. La Revolución Mexicana terminó, a mi juicio, en 1938, cuando Cárdenas expropió el petróleo. En ese instante, el propio Cárdenas abre paso al siguiente capítulo: el de la "revolución institucional".

 

Ana Carolina Ibarra, Doctora en Historia y profesora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM:

 

Hay fechas emblemáticas que la memoria elige y que tiene que ver con un gran acontecimiento, pero son procesos que son, desde luego, muy lagos. Así que efectivamente elegimos fechas como el 16 de septiembre de 1810 para marcar el inicio de la Independencia, pero esto es polémico todavía. Y elegimos el 27 de septiembre como el fin, aunque fue hasta el 28 de septiembre de 1821 cuando se firma el acta de Independencia, y el 27 es cuando se produce la entrada del Ejército Trigarante.

 

"La Independencia es el punto de partida de una nación soberana, así que podemos llegar muy lejos en cuanto a fechas. Los momentos culminantes son la declaración de Independencia de Morelos en Chilpancingo, en noviembre de 1813; al año siguiente podría ser la Constitución de Apatzingán, como un momento que aunque se concibe con una insurgencia acorralada e itinerante, es un punto de partida institucional. Y después está el 28 de septiembre. Todos estos son momentos que tienen una mirada hacia el futuro, pero las cuestiones de soberanía o de reconocimiento del exterior llevaron más tiempo, y esto podría ser motivo de discusión. Por ejemplo, habrá quien diga que no se ha dado en su totalidad hasta el día de hoy".

 

La Revolución Mexicana hay quien la cerrará con la Constitución de 1917, pero habrá quien cree que las propuestas de la Revolución se demoraron y por eso se considera que el fin se extiende a los años 30, con los logros más importantes sociales y económicos del cardenismo. Pero en cuanto a Revolución como proceso transformador, pues efectivamente podemos alargar la fecha, pero creo que para establecer un término hace falta un análisis, una reflexión para determinar cuándo se llega a un punto culminante que permite el viraje hacia otros caminos.

 

Las fechas emblemáticas las celebramos y tienen su importancia y su peso simbólico, otra tarea será hacer el examen del proceso de transformaciones y ahí, desde luego, habrá prioridades y polémicas entre historiadores. Y sin duda será interesante, pero ojalá que se pudieran desarrollar de manera más amplia. Nos sirve reflexionar y conocer, analizar y pensar acerca de los alcances de los procesos revolucionarios. La polémica no es estéril o de posiciones cerradas, lo bueno que nos enriquezca con los cuales se sustente una cosa u otra".

 

Silvestre Villegas Revueltas, Doctor en Historia y miembro del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM:

 

La Revolución se da en una sociedad más compleja y su término tiene varias etapas. Un fin militar podría ser en 1915, cuando el carrancismo derrota a Victoriano Huerta. Otro cierre importante es el periodo entre 1915 y 1921, que es la lucha entre caudillos, Carranza, Villa y Zapata, y finalmente el triunfador es Álvaro Obregón, cuando llega a la Presidencia. Un tercer corte sería contemplando los efectos jurídicos y sociales del movimiento, entre 1921 y 1940, al terminar el sexenio de Lázaro Cárdenas; aunque algunos historiadores lo alargan hasta el sexenio de José López Portillo, el último en alentar el Estado interventor, coordinador de la economía nacional, que hace reformas educativas y en el campo, lo que se ve cancelado con Miguel de la Madrid. Otra interpretación es que la Revolución termina cuando se institucionaliza, a partir de Miguel Alemán, cuando el Partido de la Revolución Mexicana se convierte en Partido Revolucionario Institucional".

 

La fecha oficial de que la Independencia mexicana concluye en 1821, con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México es cierta, pero se refiere sólo al movimiento propiamente militar. Pero si hablamos de la emancipación ideológica-cultural, ésta se da hasta el triunfo de Benito Juárez, en julio de 1867, ya que a lo largo de estos 40 años se pelean federalistas contra centralistas, liberales contra conservadores y monárquicos. La gran discusión de las élites políticas es qué tipo de nación queremos y, en medio de ésta, hay golpes de Estado y pérdida del territorio nacional. Sin embargo, hay temas que siguen pendientes. Si pensamos que Morelos pidió en 1812 'Reducir la brecha entre la opulencia y la indigencia', creo que no lo hemos logrado. Y si bien la sociedad de castas jurídicamente termina con la Constitución de 1824, la gran pregunta es qué tan racista sigue siendo México".

 

Javier Garciadiego, Doctor en Historia y presidente de El Colegio de México

 

En este movimiento, Madero tiene un objetivo, Carranza posee otro, Villa persigue algo distinto y Zapata también. Si la propuesta era conseguir democracia e igualdad social, es evidente que esto apenas se está cumpliendo ahora, aunque hubo mejoras en el proceso político mexicano desde muy tempranas fechas. Algunos podrían alegar que la Revolución termina cuando cesa la violencia; otros que con la derrota de Victoriano Huerta; unos más no ponen el acento en lo bélico, sino en lo ideológico, y afirman que concluye cuando se establece un nuevo proyecto de Estado, que es con la Constitución de 1917; y algunos otros dicen que cuando se realizan las transformaciones políticas más importantes, con Lázaro Cárdenas. Creo que ninguno tiene la razón definitiva. Yo me inclino por todas, dependiendo de si tomo en consideración lo político, lo militar o lo ideológico".

 

Ningún movimiento social cumple todos sus objetivos, ni la Revolución Francesa, ni la rusa ni siquiera la cubana. Y los objetivos varían, se enriquecen, y hasta se renuevan, dependiendo de los diferentes componentes. Pero, en el caso de la Independencia mexicana, sí hay un momento en que podemos decir que se consuma, cuando se obtiene el logro más importante del proceso, aunque no el único, el 27 de septiembre de 1821. Las estructuras sociales, como la sociedad de castas, tardan más en modificarse que los cambios jurídicos o políticos; son distintos tiempos históricos".

 

Álvaro Matute, Doctor e Historia y estudioso del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM:

 

Determinar el fin de la Revolución es más difícil. Una fecha conclusiva puede ser el 5 de febrero de 1917, con la jura y la firma de la Constitución en la que se plasma la mayoría de los ideales que se buscaban durante los siete años de lucha. Es una fecha de fin y principio, porque el hecho de que se firme una Constitución no quiere decir que se aplique de inmediato y todo cambie, sino que aquí apenas comenzó un proceso que sufrirá muchísimas transformaciones y adaptaciones y que dificulta establecer un momento conclusivo real. Algunos creen que la lucha se convirtió en permanente, otros coinciden en que con la labor legislativa realizada por el régimen de Lázaro Cárdenas llega a su culminación, en 1938. Ya después, es francamente más el usufructo de la idea de la Revolución que el movimiento mismo lo que hace que se le prolongue la vida. Son fechas muy pantanosas."

 

La Independencia termina el 27 de septiembre de 1821, que es cuando se logra la separación política de México y España. En este sentido, se puede dar por buena esta fecha como conclusiva del movimiento desarrollado en los 11 años precedentes. Un concepto mayor de Independencia es muy discutible, muy difícil de establecer. Incluso se habla de una segunda Independencia cuando la República gana a la Intervención Francesa. Pero la de 1821 es válida, porque el objetivo principal fue la desvinculación política de España. Otra fecha conclusiva puede ser el 15 de julio de 1867, cuando Benito Juárez entra triunfante a México ya fusilado Maximiliano."

 

Pedro Castro, Doctor en Historia e investigador de la UAM-Iztapalapa:

 

La propuesta de la Revolución en 1910 es la no reelección de Porfirio Díaz, que se logra, y la instauración de la democracia entendida como un cambio en el sistema político; y, en ese sentido, concluye con la entronización de los sonorenses en 1920, que tenían otras ideas y propósitos diferentes a Madero. Luego aparecieron banderas distintas, como el reparto de la tierra, meta vital del zapatismo, que se volvió primordial durante el desarrollo de la lucha, no al principio. Este objetivo es retomado por Villa y por los sonorenses, pero se consolidó con Lázaro Cárdenas. Entonces, los diversos objetivos son los que tienen fecha diferente de conclusión."

 

Los acontecimientos históricos poseen un principio cuyos objetivos se fueron modificando en el transcurso. El Grito de Independencia arranca con la consigna de 'Viva Fernando VII', pero después se plantea la ruptura con la Corona. Lo que empezó con el Grito de Dolores termina en 1821 con la entrada del Ejército Trigarante a la ciudad capital. Hablamos de un proceso que tiene diferentes caras, actores y propósitos. Es una revolución conservadora, se trataba de mantener el viejo orden colonial con una nueva vestimenta. De hecho, el país no tiene grandes cambios con la Independencia, y será hasta que se ponen en marcha las reformas liberales, con Juárez, cuando México empieza a ser distinto."

 

Enrique Márquez, Historiador y coordinador la Comisión Bi100 de la Ciudad de México:

 

¿Cuándo culminó el proceso que se abre en 1910? En 1920, al final de la disputa armada y la imposición de los sonorenses (Obregón, Calles, De la Huerta), sobre las otras facciones revolucionarias. Sin embargo, los triunfadores todavía habrían de enfrentar, para consolidar al nuevo poder centralizador nacional, varios conflictos de consideración: la rebelión huertista (1923) y la rebelión de los cristeros (1926) y, si se quiere ir un poco más lejos, la insurrección de Gómez y Serrano (1927), contra la reelección de Álvaro Obregón. Porque, luego del asesinato de éste, al institucionalizarse, con la fundación del Partido Nacional Revolucionario –antecedente del PRI–, podríamos considerar culminado el proceso que se inicia casi veinte años antes, con el levantamiento de Madero (1910). Para algunos historiadores o intelectuales de izquierda, como Adolfo Gilly, la Revolución social, al ser traicionada con el asesinato de Zapata (1919), habría de resurgir en 1934, con la presidencia de Lázaro Cárdenas, para concluir seis años después."

 

Leído desde una perspectiva historiográfica distinta a la que ha convertido la cronología de la Historia de México en una ideología ("conmemorativa") favorable al poder, el proceso de Independencia culmina en 1821, con el acuerdo de Guerrero e Iturbide, la etapa de la guerra emprendida en 1810. Pero los eventos de 1821 no resolverían, por sí solos, la existencia de un Estado nacional capaz de suceder al viejo Estado colonial español. Al país todavía le restarían casi cincuenta años (1821-1867) de golpes de Estado, de asonadas, de insurrecciones y de planes políticos con los que los dos grandes bandos en pugna trataron imponer más de una veintena de iniciativas constitucionales. Precedido por el triunfo de la Revolución de Ayutla, que permitió, en 1857, la configuración constitucional del Estado moderno en México, el triunfo liberal juarista sobre la Guerra de Intervención de Napoleón III y el intento monárquico de Maximiliano (1867), habría de marcar, con el inicio de la concentración y la reorganización del poder, el largo periodo de crisis nacional abierto casi sesenta años antes (1810)."

 

Es un consenso prácticamente unánime ubicar los inicios de los movimientos de Independencia y Revolución el 16 de septiembre de 1810 y el 20 de noviembre de 1910, respectivamente, pero definir su término es un capítulo difícil de precisar. Los historiadores más reconocidos del país no logran ponerse de acuerdo en este punto.

 

Juan Pueblo, un ciudadano común, forjado en el trabajo fecundo y creador:

 

Tanto las mentadas independencia y revolución son un verdadero mito, no gobiernos ni los ciudadanos hemos sabido construir un país verdaderamente independiente, no democrático.  Reconozco, sí, a los hombres que lucharon y entregaron su vida en aras de libertad, de justicia y democracia, pero a ellos, los leales, los sinceros, se los acabaron, para con ello se entronizaran, abusaran del poder, corrompieran todo y finalmente, como premio a su vileza, los adoraran y mantengan en el altar de la Patria.   Los verdaderos, los sinceros están en el olvido. 

 

Si se hiciera un análisis real y honesto, no estrían muchos de los que están y estrían muchos de los que no están.


 
«La vanidad es la gloria de los pobres de espíritu»

¿Qué resuelve la reforma de Calderón?

 

Por: Antero Duks

Enero / 2010

 

Durante años se pensó que la ruta más importante para lograr un cambio democrático era mediante reformas, porque la modificación de reglas haría posible la transformación política del país.  Ahora llegamos de nuevo a un momento de enormes retos porque el sistema político necesita una cirugía mayor, está desprestigiado y es ineficiente.

 

Sobre lo que no hay tanta certeza es cuál sistema político puede salir de la nueva reforma política que se propone.  Las reglas hay que entenderlas dentro de las circunstancias específicas, para ver sus posibilidades y limitaciones.  En las últimas tres décadas el reformismo político ha sido permanente.

 

Así fue desde la reforma política de 1977, que abrió el sistema plural de partidos, luego vinieron diversos ajustes, hasta llegar a la reforma de 1996, en donde se establecieron las bases de un sistema con mayor equidad que posibilitara la competencia entre los partidos políticos.

 

En el transcurso de 20 años se logró tener una democracia electoral.  Entre 1997 y 2003 desapareció el conflicto electoral propiamente, pero llegaron nuevos problemas, como la mediatización de las campañas y el alto costo del financiamiento público.

 

En 2006 regresamos al conflicto electoral y de nuevo se volvieron a cambiar las reglas del juego para, supuestamente, abaratar el costo de la política y sacar de la comercialización privada la presencia política en los medios.  Para eso se abrieron los tiempos del Estado a la política partidista.

 

Las reformas que han abierto el sistema y han producido cambios políticos importantes, como la de 1997 y 1996, mostraron una voluntad para resolver problemas a través de consensos importantes.

La experiencia de 2007-2008, nos enseñó una dinámica distinta, porque fue una reforma que se vendió como un cambio para terminar con la mercantilización mediática y abaratar la política electoral.

 

Sin embargo, al poco tiempo, con la primera experiencia electoral de 2009, se pudo ver que las nuevas reglas tenían huecos importantes por donde se colaron los arreglos entre políticos y medios; y, también, se comprobó que la disminución del financiamiento público no fue significativa.

Hoy el sistema político mexicano es ineficiente, pierde legitimidad y cada vez tiene menor apoyo ciudadano.

 

México tiene problemas importantes en su modelo, por eso existen dudas fundadas de que las reformas propuestas por Calderón, en diciembre pasado, vayan a resolver los problemas que existen hoy: una severa desconfianza ciudadana en la política en los políticos y en las instituciones; el poder fáctico de los intereses mediáticos desbordado y una regulación débil del Estado; la dinámica de los gobiernos divididos que genera un conflicto permanente de gobernabilidad; el desprestigio de una clase política que está muy distante de la ciudadanía a la que supuestamente representa; la autonomía de las instituciones democráticas que ha sido tocada por los intereses partidistas; la pérdida de presencia pública de la ciudadanía que no tiene mecanismos de participación más allá del voto.

 

En suma, estamos frente a dinámicas conflictivas de desconfianza, ineficacia, ausencia de mecanismos de rendición de cuentas, dinámicas efectivas de representación, gobernabilidad deficiente y la imposibilidad de construir consensos y mayorías estables que hagan gobernable al país.

Ante esta complejidad de problemáticas se propone: segunda vuelta presidencial, reelección, candidaturas ciudadanas, reducción del Congreso, iniciativa preferente del Ejecutivo y veto al presupuesto, iniciativa de ley para la Corte y la ciudadanía, entre las principales.

 

Estas reformas se tienen que ver en el contexto de nuestra vida política.  Es necesario ubicar el cambio de reglas en el contexto en donde va a operar.  Por ejemplo, se propone la reelección legislativa en los congresos locales y en los municipios hasta por 12 años.  Pero, cómo evitar los abusos y ventajas que tendrán los que quieran una reelección, con mecanismos tan débiles de rendición de cuentas y con instituciones que no garantizan una regulación realmente autónoma.

 

Reelección sin revocación de mandato y sin regulación real de medios, no permitiría equilibrios y equidad.  Sin contrapesos las virtudes de la reelección, como el profesionalismo de los legisladores y una evaluación ciudadana más directa, se perderían.

 

Las circunstancias de nuestra política hacen necesarios los equilibrios y contrapesos para que las nuevas reglas puedan ser eficaces y no caigamos en mayores abusos de una clase política, que no parece estar dispuesta a una mayor responsabilidad frente a los ciudadanos.

 

La propuesta del Ejecutivo se queda corta para atender este tipo de problemas.

 


«La vanidad es la gloria de los pobres de espíritu»

Sobre la vida, la libertad y la dignidad de la persona humana

 

Por: Querien Vangal

Enero / 2010

 

Declaración de los obispos de Paraguay ante el secuestro de Fidel Zavala

 

Los obispos de Paraguay hicieron pública este miércoles una declaración titulada "Sobre la vida, la libertad y la dignidad de la persona humana", a propósito del ganadero Fidel Zavala, secuestrado hace 92 días por el autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que exigió a la familia del secuestrado repartir carne entre los pobres para seguir con las negociaciones.

 

Los obispos, miembros de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Paraguaya, en comunión con los demás obispos de la CEP, se dirigen a las autoridades del Gobierno Nacional (Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Ministerio Público), así como a las fuerzas políticas, movimientos sociales, y ciudadanía en general para expresar su voz "ante los hechos que quebrantan la tranquilidad de la convivencia y la paz pública entendidas en el marco de un Estado Social de Derecho".

 

Por ello declaran, en primer lugar: "La persona humana, y su dignidad por ser imagen y semejanza de Dios, no puede ni debe estar subordinada a ningún proyecto político, económico o ideológico. No es una mercancía ni un medio para la obtención de ningún fin. Por eso aborrece a la conciencia humana y cristiana el secuestro, la coacción, la extorsión, el chantaje, la violencia y la humillación como medio y como método para el logro de cualquier propósito".

 

Los obispos afirman así mismo que "la vida y la libertad son derechos fundamentales de la persona humana, y están garantizadas de manera prioritaria por la Constitución y por las leyes de la República y las autoridades del Gobierno han jurado cumplirlas y hacerlas cumplir".

 

Según los prelados, "la transgresión y agresión a los derechos de las personas son de tal gravedad que el Código Penal establece claramente como delitos muy graves el secuestro, la coacción y la extorsión, entre otras tipos penales y cuya comisión es pasible de castigos severos".

 

Por lo todo lo anterior, subrayan los obispos, "toda privación de libertad de cualquier persona contra su voluntad y las leyes de una República debe ser rechazada por las instituciones y la ciudadanía en general. Asimismo exige que las instituciones encargadas de velar por la seguridad de los ciudadanos agoten todos los recursos y esfuerzos para hacer cumplir y hacer cumplir las leyes y garantizar los derechos y el bienestar de las personas".

 

En relación a "lo acontecido el día ayer con relación a la distribución de carne a favor de los más necesitados 'como gentileza del EPP'", declaran los obispos, es inadmisible en un Estado de derecho".

 

"Creemos en la solidaridad y la asistencia a los necesitados –añaden--, pero con gestos
humanizantes y no humillantes". "Rechazamos rotundamente la forma de solidaridad expresada por los miembros del EPP con las personas carenciadas. No podemos realizar gestos solidarios y sociales con lo ajeno, la verdadera solidaridad es despojarnos de lo que tenemos para dar alguien que tiene menos, pero de ninguna manera podemos despojar con coacciones y amenazas  los bienes de los demás para donar a otros".

 

Los obispos expresan su "total apoyo y acompañamiento al señor Fidel Zavala y a toda su familia que sufre los embates de la inseguridad y el atropello a los derechos fundamentales del hombre, como la libertad".

 

Así mismo, hacen un llamamiento "a los secuestradores, si realmente en sus pensamientos está la liberación del pueblo de todas las ataduras e injusticias, que liberen al señor Fidel Zavala, para que podamos encontrar serenidad y tranquilidad entre los habitantes del pueblo paraguayo; no se puede conseguir liberación con el sufrimiento y la humillación de los demás".

 

Apelan también "a la conciencia de la ciudadanía para que no acepte, bajo ninguna circunstancia, víveres o ningún otro tipo de ayuda que provenga de acciones ilegales".

 

Exhortan a todos los fieles "a perseverar en la oración, pidiendo a Dios misericordia para nuestro querido Paraguay, por la paz social libre de toda violencia, donde se respete la dignidad de cada persona. No perdamos la fe y la esperanza de encontrar el diálogo entre compatriotas, especialmente de los sectores sociales y políticos, donde muchos cristianos son protagonistas y deben ser 'Sal y Luz' en estos momentos difíciles. Los poderes públicos deben buscar los medios apropiados a un Estado Social de Derecho para superar la pobreza y muchos otros males y jamás aceptar imposiciones que denigren a la soberanía nacional".

 

"La Iglesia Católica –concluyen--, en la dimensión testimonial de su tarea evangelizadora, reafirma su compromiso con los más pobres, a través de sus múltiples proyectos y acciones sociales subsidiarias y solidarias tendientes a su dignificación y promoción".

 


«La vanidad es la gloria de los pobres de espíritu»

¿Qué es la Tolerancia?

 I Parte

 

En materia de tolerancia, tal vez más que en cualquier otra, la confusión reina tan completamente que parece indispensable esclarecer el alcance de los términos, antes de abordar el mérito de la cuestión.

 

¿Qué es precisamente la tolerancia?

 

Imagínese la situación de un hombre que tiene dos hijos, uno de principios sanos y voluntad fuerte, y otro de principios indecisos y voluntad vacilante. Aparece, de paso por el lugar en que la familia reside, un profesor que dará un curso de vacaciones extraordinariamente útil a ambos. El padre desea que sus hijos sigan el curso, pero ve que esto implicará privarlos de varios paseos a los cuales ambos están muy apegados.

 

Pesados los pros y contras, fija su juicio sobre el asunto: más conviene a sus hijos renunciar a algunas distracciones, por lo demás muy legítimas, que perder una ocasión rara de desarrollarse intelectualmente. Manifestada la deliberación a los interesados, la actitud de éstos es varia. El primero, después de un momento de duda, accede a la voluntad paterna. El otro se lamenta, implora, suplica a su padre que cambie su resolución; da muestras tales de irritación, que un grave movimiento de rebelión de su parte es de temer.

 

Ante esto, el padre mantiene su decisión con relación al hijo bueno. Pero, considerando lo que le cuesta al hijo mediocre el esfuerzo de la rutina escolar; previendo las muchas ocasiones de tensión que en la vida diaria surgen en las relaciones entre ambos, para la eventual salvaguardia de principios morales impostergables, juzga mejor no insistir. Y conveniente en que el hijo no haga el curso.

 

Actuando así con el hijo mediocre y tibio, el padre le dio una autorización a disgusto. Un permiso que no es de modo alguno una aprobación. Un permiso que le fue casi arrancado. Para evitar un mal (la tensión con el hijo), consintió en un bien menor (las excursiones de vacaciones),y desistió de un bien mayor (el curso). Es a este tipo de consentimiento dado sin aprobación, y aún con censura, se llama tolerancia.

 

Claro está que, a veces, la tolerancia es el consentimiento no sólo en un bien menor para evitar un mal, sino en un mal menor para evitar uno mayor. Sería el caso de un padre que, teniendo un hijo que contrajo varios vicios graves y puesto ante la imposibilidad de hacerlos cesar todos, forma el propósito de combatirlos sucesivamente. Así mientras procura obstar a un vicio, cierra los ojos a todos los demás. Este cerrar de ojos, que es un consentimiento dado con profundo disgusto, busca evitar un mal mayor, es decir, que la enmienda moral del hijo se torne imposible. Se trata característicamente de una actitud de tolerancia.

 

Como acabamos de ver, la tolerancia sólo puede ser practicada en situaciones anormales. Si no hubiese malos hijos, por ejemplo, no habría necesidad de tolerancia de parte de los padres.

 

Así, en una familia, cuanto más los miembros fueren forzados a practicar la tolerancia entre sí, tanto más la situación será anómala.

 

Siéntese mucho la realidad de lo que aquí está dicho, considerando el caso de una Orden Religiosa o de un ejército en que los jefes o superiores tengan que usar habitualmente una tolerancia sin límites con sus subordinados. Tal ejército no está apto para ganar batallas. Tal Orden no está caminando hacia las altas y rudas cimas de la perfección cristiana.

 

En otros términos, la tolerancia puede ser una virtud. Pero es virtud característica de las situaciones anormales, inestables, difíciles. Ella es, por así decir, la cruz de cada día del católico fervoroso, en las épocas de desolación, de decadencia espiritual y de ruina de la Civilización Cristiana.

 

Por esto mismo se comprende que sea tan necesaria en un siglo de catástrofe, como el nuestro. En todo momento, el católico se encuentra en nuestros días en la contingencia de tolerar algo en el tranvía, en el autobús, en la calle, en los lugares en que trabaja, en las casas que visita, en los hoteles en que veranea: encuentra en todo momento abusos que le provocan un grito interior de indignación. Grito que es a veces obligado a silenciar para evitar un mal mayor. Grito que, entretanto, en ocasiones normales sería un deber de honra y coherencia el manifestarlo.

 

De paso es curioso observar la contradicción en que caen los adoradores de este siglo. Por un lado, elevan enfáticamente a las nubes sus cualidades, y silencian o subestiman sus defectos. Por otro, no cesan de apostrofar a los católicos intolerantes, suplicando tolerancia, bramando por tolerancia, exigiendo tolerancia, a favor del siglo. Y no se cansan de afirmar que esa tolerancia debe ser constante, omnímoda y extrema. No se comprende cómo no perciben la contradicción en que caen: sólo hay tolerancia en la anomalía y, proclamar la necesidad de mucha tolerancia, es afirmar la existencia de mucha anomalía.

 

De cualquier manera, griegos y troyanos concuerdan en reconocer que la tolerancia en nuestra época es muy necesaria.

 

Así, es fácil percibir cuánto yerra el lenguaje corriente a respecto de la tolerancia. En efecto, habitualmente se presta a este vocablo un sentido elogioso. Cuando se dice que alguien es tolerante, esta afirmación viene acompañada de una serie de alabanzas implícitas o explícitas: alma grande, gran corazón, espíritu amplio, generoso, comprensivo, naturalmente propenso a la simpatía, a la cordura, a la benevolencia. Y, como es lógico, el calificativo de intolerante también trae consigo una secuela de censuras más o menos explícitas: espíritu estrecho, temperamento bilioso, malévolo, espontáneamente inclinado a desconfiar, a odiar, a resentirse y a vengarse.

 

En realidad, nada es más unilateral. Pues, si hay casos en que la tolerancia es un bien, otros hay en que es un mal. Y puede llegar a ser un crimen. Así, nadie merece encomio por el hecho de ser sistemáticamente tolerante o intolerante, si no por ser una u otra cosa de acuerdo a lo que exijan las circunstancias.

 

 

II Parte

 

Antes de todo, es necesario subrayar que existe una situación en la cual el católico debe ser siempre intolerante, y esta regla no admite excepciones. Es cuando se desea que, para complacer a otros, o para evitar algún mal mayor, practique algún pecado. Pues todo pecado es una ofensa a Dios. Y es absurdo pensar que en alguna situación Dios pueda ser virtuosamente ofendido.

 

Y esto es tan obvio, que parecería superfluo decirlo. Entre tanto, en la práctica, cuántas veces sería necesario recordar este principio. Así, por ejemplo, nadie tiene el derecho de, por tolerancia con los amigos, y con la intención de despertar su simpatía, vestirse de modo inmoral, adoptar las maneras licenciosas o livianas de las personas de vida desarreglada, ostentar ideas temerarias, sospechosas o incluso erróneas, o alardear de tener vicios que en la realidad -por la gracia de Dios- no se tienen.

 

Que un católico, consciente de los deberes de fidelidad que tiene en relación con la escolástica, profese otra filosofía sólo para granjearse simpatías en cierto medio, es una forma de tolerancia inadmisible. Pues peca contra la verdad quien profesa un sistema que sabe que tiene errores, a pesar de que estos no sean contra la fe.

Pero los deberes de la intolerancia, en casos como estos, van más lejos.

 

No basta que nos abstengamos de practicar el mal. Es incluso un deber que nunca lo aprobemos, por acción o por omisión.

 

Un católico que, ante del pecado o del error, toma una actitud de simpatía, peca contra la virtud de la intolerancia. Es lo que se da cuando se presencia, con una sonrisa, sin restricciones, una conversación o una escena inmoral; o cuando, en una discusión, se reconoce a otros el derecho a abrazar la opinión que quieran sobre religión. Esto no es respetar a los adversarios, sino ser conniventes con sus errores o pecados. Esto es aprobar el mal. Y esto, un católico no puede hacerlo jamás.

 

A veces, sin embargo, se llega a eso pensando que no hay pecado contra la intolerancia. Es lo que ocurre cuando ciertos silencios frente al error o al mal dan la idea de una aprobación tácita.

 

En todos estos casos, la tolerancia es un pecado, y sólo en la intolerancia consiste la virtud.

 

Leyendo estas afirmaciones es admisible que ciertos lectores se irriten. El instinto de sociabilidad es natural al hombre. Y este instinto nos lleva a convivir con los otros de modo armonioso y agradable.

 

Ahora bien, en circunstancias cada vez más numerosas, el católico está obligado, dentro de la lógica de nuestra argumentación, a repetir delante del siglo el heroico «Non Possumus» de Pío IX: No podemos imitar, no podemos concordar, no podemos callar. Enseguida se crea en torno de nosotros aquel ambiente de guerra fría o caliente con que los partidarios de los errores y modas de nuestra época persiguen con implacable intolerancia, y en nombre de la tolerancia, a todos los que osan no concordar con ellos. Una cortina de fuego, de hielo, o simplemente de celofán nos cerca y aísla. Una velada excomunión social nos mantiene al margen de los ambientes modernos. Y a esto el hombre tiene casi tanto miedo como a la muerte. O más que a la propia muerte.

 

No exageramos. Para tener derecho de ciudadanía en tales ambientes, hay hombres que trabajan hasta matarse con infartos y anginas cardíacas; hay señoras que ayunan como ascetas de la Tebaida, y llegan a exponer gravemente su salud. Para perder una «ciudadanía» de tal «valor», sólo por amor a los principios, ¡sería necesario realmente amar mucho a los principios!

 

Otra dificultad es la pereza. Estudiar un asunto, compenetrarse de él, tener enteramente a mano en cualquier oportunidad los argumentos para justificar una posición: cuánto esfuerzo… cuánta pereza. Pereza de hablar, de discutir, es claro. Sin embargo, aún más, pereza de estudiar. Y sobre todo, la suprema pereza de pensar con seriedad sobre algo, de compenetrarse de algo, de identificarse con una idea, un principio! La pereza sutil, imperceptible, omnímoda, de ser serio, de pensar seriamente, de vivir con seriedad, cuanto aparta de esta intolerancia inflexible, heroica, imperturbable, que en ciertas ocasiones y en ciertos asuntos es hoy como siempre el deber del verdadero católico.

 

La pereza es hermana de la displicencia. Muchos preguntaran por qué tanto esfuerzo, tanta lucha, tanto sacrificio, si una golondrina no hace verano, y con nuestra actitud los otros no mejoran. ¡Extraña objeción! Como si debiésemos practicar los Mandamientos sólo para que los otros los practiquen también, y estuviésemos dispensados de hacerlo en la medida que los otros no nos imiten.

 

Testimoniamos delante de los hombres nuestro amor al bien, y nuestro odio al mal, para dar gloria a Dios. Y aunque el mundo entero nos reprobase, deberíamos continuar haciéndolo. El hecho de que los otros no nos acompañen, no disminuye los derechos que Dios tiene a nuestra entera obediencia.

 

Pero estas razones no son las únicas. Existe también el oportunismo. Estar de acuerdo con las tendencias dominantes, es algo que abre todas las puertas y facilita todas las carreras. Prestigio, confort, dinero, todo. Todo se torna más fácil y más al alcance si se concuerda con la influencia dominante.

 

De este modo, puede verse cuánto cuesta el deber de la intolerancia. Lo que nos da el punto de partida para el artículo siguiente, donde pretendemos tratar de los límites de la intransigencia y de los mil medios que hay para eludirla.

 

COMENTARIO:

 

En relación con la tolerancia, José Tamborrel Suárez escribió:

 

EL ceder es un arte que, manejado hábilmente, produce grandes rendimientos.

CEDAMOS, en algunas cosas, para poder tener derecho a otras.

NO ceder es no querer.

CEDAMOS… ¡que al fin y al cabo es cosa que siempre se puede hacer…!

LOS que defendiéndose ceden en algo, generalmente obtienen más que los que no ceden en nada.

LA vida se hace más placentera y grata en tanto va uno va uno penetrando en ella, en tanto se va aprendiendo a contemporizar realidades, mirar las cosas por el lado bueno, considerar el por qué de los actos, tolerar la manera de ser de los demás.

LA tolerancia no quiere decir que se contemporice con lo indebido.  Ossorio Gallardo, decía:--"Para las ideas, la máxima tolerancia; para la conducta, la máxima intransigencia".